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Pacto

De nuevo está esa mirada, de hilos transparentes que quieren detenerme en el umbral de la recámara, que buscan de nuevo mis labios, mis senos oprimidos por el deseo de sus manos, mi piel aún húmeda de sus abrazos. Me doy la vuelta y sé que me sigue mirando, con esos ojos suplicantes que no logran hacerse palabra nunca, que en el amor parecen estar tan seguros, tan ciertos de este pacto nuestro, pero a penas suenan las horas se descompone su aliento, se sienten húerfanos en sus órbitas secas. Un día le dije que deberíamos llorar en cada despedida, como si con ello pudieramos limpiar la culpa de nuestras mutuas huídas; llorar como si fuera el fin del mundo, como si él se fuera al Congo a morir de malaria, o como si yo me fuera a un claustro de silencio, a la guerra final, total, absoluta, cómo si me fuera a cambiar de nombre para entregarme a la mafia y matar por un sueldo y entonces tratara de olvidarlo en cada cuarto de hotel en que fuera a guardar mis recuerdos. Pero no hay más que es...

Abismos nuestros

Ir a sí mismo, agazaparse en sus propios misterios, perderse en la dulce melodía de los besos que sólo uno sabe ponerse sobre el cuerpo y, al final, hallarse en silencio, sin saber qué decir, sin un misterio. Es entonces cuando llega el miedo, por el abismo que se nos muestra dentro, a un paso nuestro, si estiramos la mano, podemos sentir la furia, el entierro. Nihilismo, incertidumbre, nausea, vacío, ausencia, muerte, todo ello está en nuestras entrañas, se cultiva con los jugos de nuestro cuerpo, crece despacio hasta invadir las tapias de silencio.

Sobre Ella

Ella se detiene en los textos, va avanzando por cada párrafo, acaricia las letras con sus manos. A veces se conmueve, siente ese temblor en los ojos que avisora las tormentas; otras se alegra, se queda sobre el texto sintiendo el viento fresco del otoño de esas letras. Entonces permanece en silencio, porque las letras le han entrado por las yemas de los dedos, se han alhojado en su pensamiento, y si abriera los torrentes de sus dedos, saldrían en tropel las palabras inundando todas las habitaciones de su cuerpo. Ella lee, y a la hora del amor, transpira montones de versos.

Alas

Junio 2008 Nuestras manos se tienden como alas para emprender el vuelo. Distantes de nuestro cuerpo, aéreas, significativamente pequeñas ante la inmensidad del cielo. Nuestras manos tejen palabras, colocan los puntos y las líneas en el plano de nuestra espalda... luego la mirada, el silencio que viene antes del rescate de nuestras almas. Nos desprendemos del suelo, nos vamos alejando hacia la imposible vastedad de un cuerpo sin miedo, sitiado por ese otro que nos ha invitado al vuelo.

El mito de Endimión

Mayo 2007 Endimión duerme para esperarla, para hallarla en la tibia noche de sus sueños, se queda quieto, entre el sonido del bosque y el silencio de su cuerpo. Entonces no sabe si es que ella de verdad llega, o entre recuerdos la sueña, tangible, aérea, ella, siempre ella. Tan dueña de sí, tan lejana siempre, tan ajena. Luego, para tenerla, tendría que enajenar a los dioses sus miserias, sus días de sol, sus manos inquietas, tendría que dejarse atar por siempre al sueño que lo conduce a ella, y tener entonces sólo noche, tiniebla, incertidumbre de existencia.

Carta para nuestro silencio

Mayo 2007 Desde entonces comenzaste a doler, con ese escalofrío en la columna, te fuiste yendo, despacio, sin el exabrupto del tiempo. Recuerdo el principio, nunca quería pensar en el final, aun la semana pasada pedía silencio a mi mente para no pensarlo, como si pudiera exorcizarlo de mi mente, de mis manos, de mi cuerpo. Pero no, el final comenzó a avanzar por nuestras palabras, sin darnos cuenta, nos despedíamos con la mirada, y entonces no pudimos retenernos, a pesar del amor, del tiempo, del recuerdo tangible en los laberintos que fuimos trazando en nuestro cuerpo, a pesar de ti y de mi, nos fuimos haciendo silencio. Hablamos, pedimos tiempos, pedimos partirnos el corazón, lastimarnos con nuestros silencios, quedarnos solos con los recuerdos; pedimos hacernos daño sin sentido. Y luego, nada, te vas, me quedo; me voy, te quedas, nos dividimos la culpa, el dolor, la incertidumbre, en nombre de la equidad nos hemos hecho daño ambos, nos dolemos, nos sentimos,...

Despedirse

Mayo 2007 Quiero decir que yo sólo sé despedirme, cada contacto, cada instante vivido es una forma de ir caminando al andén, siempre una huída, siempre el silencio que va después de la palabra escrita... y luego nada, los recuerdos preservando el tiempo, el olvido necesario, nuestras manos siempre acumulando besos lejanos. Despedirse es preservar a la gente, en la postal de nuestra mirada, detenida, los ojos llenos de agua y el silencio del adiós que se extiende en un por siempre. Tal vez no recordemos los gestos de nuestra gente cotidiana, pero siempre podremos guardar en nuestra mente esa última mirada, el gesto de dolor que dice no más, no te vayas más que esta despedida no basta, ya no para tanto silencio, tanto olvido, tanta nada...